La colección masculina de Tokyo James para primavera-verano 2027 parte de una idea tan sencilla como potente: qué ocurre cuando una firma decide apartarse de aquello que la hizo reconocible. Titulada Identity, la propuesta reduce drásticamente el uso del cuero, uno de los materiales habituales del diseñador nigeriano, para concentrarse en la experimentación textil. El resultado nace de un único tejido, la organza de seda, manipulada mediante frunces, capas, plisados, fusiones y arrugas hasta conseguir que parezca algo completamente diferente.
Uno de los mejores ejemplos aparece en un conjunto azul de chaqueta y pantalón que, a primera vista, parece un look vaquero convencional. En realidad, todo está construido con organza de seda, incluso detalles como las costuras y los botones dorados. Esa obsesión por transformar lo conocido también aparece en un motivo de estrella recuperado de un antiguo tejido de la abuela de James y convertido en un monograma que recorre varias prendas. El cuero no desaparece por completo: una cazadora negra incorpora cordones trenzados y tejidos sobre la superficie, en una referencia visual a las trenzas africanas.
La colección completa esa búsqueda de identidad con una paleta que combina marfil, negro, gris, azul y burdeos con golpes de naranja, azul cobalto, melocotón y crema. Las plumas procedentes de Lagos, tratadas y teñidas en el propio estudio, aparecen sobre chaquetas, zapatos y bolsos, mientras varios accesorios recuperados de temporadas anteriores reciben una nueva vida. Tokyo James demuestra así que reinventar un armario no siempre significa empezar desde cero: a veces basta con mirar una prenda conocida y preguntarse hasta dónde puede transformarse.
Fotos de Getty Images
Uno de los mejores ejemplos aparece en un conjunto azul de chaqueta y pantalón que, a primera vista, parece un look vaquero convencional. En realidad, todo está construido con organza de seda, incluso detalles como las costuras y los botones dorados. Esa obsesión por transformar lo conocido también aparece en un motivo de estrella recuperado de un antiguo tejido de la abuela de James y convertido en un monograma que recorre varias prendas. El cuero no desaparece por completo: una cazadora negra incorpora cordones trenzados y tejidos sobre la superficie, en una referencia visual a las trenzas africanas.
La colección completa esa búsqueda de identidad con una paleta que combina marfil, negro, gris, azul y burdeos con golpes de naranja, azul cobalto, melocotón y crema. Las plumas procedentes de Lagos, tratadas y teñidas en el propio estudio, aparecen sobre chaquetas, zapatos y bolsos, mientras varios accesorios recuperados de temporadas anteriores reciben una nueva vida. Tokyo James demuestra así que reinventar un armario no siempre significa empezar desde cero: a veces basta con mirar una prenda conocida y preguntarse hasta dónde puede transformarse.
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