Hay algo extrañamente poético en cumplir diez años. Para Palomo Spain, esta década no solo marca un aniversario, sino un cambio de piel. Con el estreno de su colección Fall Winter 26, titulada LIMBO, la firma deja atrás (momentáneamente) la fantasía idílica del campo cordobés para sumergirse en el asfalto de Madrid.
¿El resultado? Una propuesta masculina que se siente menos como un disfraz y más como una armadura para el día a día.
Vestirse para "ninguna parte" A menudo pensamos que la moda de pasarela requiere una alfombra roja o un evento de gala. LIMBO rompe esa baraja. La colección explora ese estado de transición —ese espacio entre lo que fuimos y lo que seremos— centrándose en el acto político de arreglarse.
Hablamos de un hombre que se pone un traje impecable o un abrigo de lana británica simplemente para existir, para ocupar espacio y resistir a la monotonía urbana. No es vanidad; es autoafirmación.
Lo que hace que esta entrega sea tan especial para el armario masculino es el equilibrio de texturas. Palomo ha tomado los códigos más sobrios de la sastrería —la pata de gallo y el Príncipe de Gales— y los ha sacudido con siluetas asimétricas que rozan lo arquitectónico.
Si algo nos queda claro con este traslado a Madrid, es que el "chico Palomo" ha madurado. Sigue siendo romántico, sí, pero ahora es urbano y pragmático. Las piezas son precisas: nada sobra, nada es gratuito. Es una moda pensada para acompañarte desde que sale el sol hasta que la noche madrileña decida lo contrario.
































No hay comentarios.