Hugo Sánchez parte plaza donde sea que se pare. Su estándar por más de cuatro décadas. Para la sesión fotográfica de esta edición de GQ México, no abandona el look que lo caracteriza desde sus entrevistas como jugador, su faceta como técnico, su presencia como comentarista o simplemente como una de las figuras vivas más grandes en la historia de la vida pública mexicana: ese juego en tonos oscuros, por lo general negros, camisa tipo polo y pantalón de vestir. Claro, el saco no puede faltar: un personaje más en la vida del divo de la colonia Jardín Balbuena. “Si Hugo tira el saco, ¡yo me lo llevo!”, comentó alguna vez el chileno Carlos Reinoso, durante la previa de un partido que los enfrentó como directores técnicos. No es casualidad que uno de sus alias más antiguos sea “Niño de Oro”.
La fiebre por el “Pentapichichi” llegó a su punto más climático cuando una comitiva familiar viajó a Madrid para presenciar su partido homenaje en el Santiago Bernabéu en 1997. Aventura que cerró todo un ciclo de devoción acumulada por años; así como la carrera como jugador profesional del sagrado patrón de mi hogar. Sin embargo, los tributos no habían terminado y, un año más tarde, el Estadio Azteca y todo México lo vieron despedirse de su otro gran amor: la Selección Nacional. La vuelta olímpica que completó esa noche no era un “adiós” sino un “hasta luego”.








