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Hace cinco años, cuando DA MAN habló por primera vez con Angga Yunanda, aún se desenvolvía en la emocionante incertidumbre de ser la nueva promesa del cine indonesio. Su ambición era evidente, al igual que su meteórica carrera. Hoy, su energía es diferente. Quizás más arraigada. Menos centrada en la aceleración que en la intención. "El mayor cambio", reflexiona, "es mi forma de ver la actuación. Antes, la sentía más como un medio de vida. Ahora, la siento como un viaje espiritual".

No es la respuesta que uno esperaría de un actor que aún no llega a la treintena, sobre todo de uno cuya carrera ha seguido creciendo a tal velocidad. Desde aquella conversación, el trabajo de Yunanda lo ha llevado a escenarios cada vez más internacionales, como Busan y Sundance, mientras que sus interpretaciones se han vuelto más audaces, tanto en escala como en complejidad emocional. Sin embargo, hoy en día, lo que más le preocupa no es la visibilidad, sino la profundidad: el proceso creativo, la exploración emocional que subyace a un personaje y las perspectivas que el cine sigue abriendo en su interior. “Antes pensaba que filmar era solo filmar”, dice con una risa discreta. “Ahora, en realidad, amo el proceso más que nada”. Esa evolución encuentra quizás su expresión más clara en “Para Perasuk” (conocida internacionalmente como “Levitating”), el inquietante drama sobrenatural de Wregas Bhanuteja que se ha convertido en uno de los proyectos más significativos de la carrera de Yunanda hasta el momento.



Ambientada en una remota aldea indonesia que custodia un manantial sagrado que se cree que mantiene su equilibrio espiritual, la película utiliza el terror folclórico como lente para examinar la codicia, la modernización y la erosión de los valores comunitarios.

Para Yunanda, el papel exigió una especie de entrega que nunca antes había experimentado. Uno de los rasgos definitorios de Bayu es su fisicalidad. Como “Perasuk” —alguien capaz de ser poseído por espíritus— su cuerpo funciona casi como un conducto entre mundos. A lo largo de la película, Yunanda se contorsiona, gatea y se agita en escenas que parecen más instintivas que coreografiadas. Su interpretación elimina cualquier rastro de la vanidad pulida del protagonista, sustituyéndola por algo más crudo y profundamente inquietante.



Para prepararse, se sometió a tres meses de talleres intensivos centrados en el movimiento y el control corporal, seguidos de un proceso de producción que se extendió durante casi seis meses. «En realidad, soy bastante rígido», admite. «Así que uno de mis mayores miedos era si podría moverme con tanta libertad. Durante los talleres, me di cuenta de que no hay límites para el movimiento. Tienes que dejar de lado tus pensamientos y permitir que tu cuerpo se mueva por sí solo». Ese agotamiento físico, afirma, resultó fundamental para comprender psicológicamente a Bayu. Gatear sobre asfalto, piedra, tierra y hojas fue agotador, pero la fatiga le ayudó a conectar con el deterioro del estado de conciencia de Bayu.





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