×

LATEST POSTS



Christophe Lemaire en París volvió a insistir en algo que la firma lleva años defendiendo con una coherencia casi rara en la moda actual: la idea de que la ropa no necesita elevar la voz para ser relevante. En un contexto de pasarelas cada vez más espectaculares, Lemaire y Sarah-Linh Tran optaron por lo contrario: construir una atmósfera, más que un show. Un espacio donde las prendas parecen existir con la misma naturalidad que el aire que las rodea.

El desfile jugó con la sensación de lo cotidiano llevado a un plano casi poético. En medio del calor extremo de París, la colección introdujo un momento casi cinematográfico: una especie de lluvia simulada, viento atravesando el espacio, modelos que se ajustaban la capucha o aceleraban el paso como si buscaran refugio. No era un truco escénico gratuito, sino una forma de reforzar la idea central de la colección: cómo la ropa responde al entorno, cómo se comporta en la vida real cuando el clima, el movimiento y el cuerpo entran en juego.



Las prendas siguieron ese mismo hilo de naturalidad. Hubo tejidos extremadamente ligeros —voiles de algodón, mallas finas, capas casi transparentes— que convivieron con piezas más densas y táctiles, como cueros tratados o denim con acabados más firmes. Esa tensión entre ligereza y peso, entre fluidez y estructura, construyó un guardarropa que no parece pensado para una ocasión concreta, sino para acompañar distintos estados del día. Nada estaba rígidamente definido; todo parecía abierto a interpretación y uso.

También apareció una sensibilidad casi literaria en la forma de construir los looks. Referencias discretas a archivos, a materiales con historia y a un cierto erotismo suave —nunca literal, siempre sugerido— dieron profundidad a una colección que, en apariencia, es extremadamente simple. Pero en Lemaire la simplicidad rara vez es vacía: suele ser el resultado de una edición muy precisa de todo lo que sobra.

El casting reforzó esa sensación de vida real. Modelos que caminaban como personas, no como personajes, con bolsos en mano, sandalias sencillas, capas que se movían con el cuerpo sin forzarlo. Incluso el calzado más relajado o los conjuntos más “vestidos” compartían la misma lógica: funcionalidad, calma y una elegancia que no depende del esfuerzo visible.

En conjunto, Primavera-Verano 2027 no intenta redefinir el menswear con gestos radicales. Más bien reafirma una idea que Lemaire ha ido puliendo temporada tras temporada: la ropa como extensión del día a día, como algo que se vive más que se exhibe. En un momento en el que la moda masculina parece debatirse entre el exceso y la provocación, esta colección apuesta por algo menos llamativo pero más persistente: la presencia tranquila.

image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host image host


Fotos de Getty Images
© Male Fashion Trends. Developed by ThemeShine.