Luca Magliano lleva años demostrando que la moda masculina puede construirse a partir de las emociones, los recuerdos y las imperfecciones de la vida cotidiana. Para la colección Primavera-Verano 2027, el diseñador italiano vuelve a convertir la memoria en el eje de su propuesta, presentando un armario donde la nostalgia setentera, la ironía de los años 2000 y la sastrería clásica conviven en un equilibrio tan extraño como fascinante. El resultado es una colección que mira al pasado sin caer en el ejercicio de la nostalgia fácil, reinterpretando la elegancia italiana desde una perspectiva profundamente contemporánea y marcadamente queer.
El punto de partida nació de un ejercicio muy personal. Antes de comenzar el diseño de la colección, Magliano pidió a todo su equipo que llevara álbumes de fotos familiares al estudio. Al revisar aquellas imágenes, descubrió que las instantáneas de los años setenta y las de principios de los 2000 compartían una misma pátina desgastada, como si el paso del tiempo hubiera borrado las diferencias entre ambas épocas. Esa reflexión dio forma a una colección donde la memoria deja de ser un archivo estático para convertirse en un material creativo lleno de contradicciones.
Presentada en el histórico restaurante Maxim's de París, la puesta en escena reforzó esa sensación de recuerdo difuso. Los modelos ocupaban una larga mesa desordenada, fumaban, conversaban y parecían continuar una fiesta que ya había terminado. Más que un desfile tradicional, la presentación evocaba el instante posterior a una celebración, cuando solo permanecen los objetos, el cansancio y las historias que cada espectador completa con su propia imaginación.
Sobre la pasarela desfilaron algunos de los códigos más característicos de Magliano. La sastrería apareció deliberadamente desestructurada, con americanas de proporciones amplias, pantalones de cintura alta y chaquetas que parecían heredadas del armario de otra generación. Sin embargo, cualquier tentación de reproducir el pasado quedaba interrumpida por detalles inesperados: polos con doble cuello, mangas cortadas para simular que estaban remangadas o cinturones de cuero retorcidos que modificaban completamente la construcción de pantalones y faldas tipo pareo. La colección demuestra que la verdadera innovación puede surgir a partir de pequeños gestos sobre prendas aparentemente clásicas.
Los estampados también desempeñan un papel fundamental. Motivos florales en tonos púrpura y marrón, cuadros de inspiración setentera y tejidos con un aspecto ligeramente envejecido transmiten la sensación de prendas encontradas en un antiguo álbum familiar. Esa estética gastada, casi melancólica, se mezcla con referencias al universo Y2K para construir un lenguaje visual donde la nostalgia nunca resulta complaciente, sino inquietante y llena de ironía.
Como ya es habitual en la firma, Magliano difumina las fronteras entre la sastrería, la ropa deportiva y el workwear. Esta temporada incorpora una nueva colaboración con Diadora, reinterpretando el chándal clásico italiano mediante tejidos de lujo como el crepé de China y acabados tie-dye que enfrentan sofisticación y desgaste. A ello se suma una colaboración con Carrera para el diseño de gafas de sol que completan una colección donde la funcionalidad y el estilo retro dialogan constantemente.
Otro de los elementos distintivos de la propuesta son los nudos, pañuelos y cinturones utilizados como recursos constructivos más que decorativos. Magliano convierte estos objetos cotidianos en parte esencial del patronaje, creando prendas que parecen improvisadas, aunque detrás de esa aparente espontaneidad exista un meticuloso trabajo de diseño. Incluso pequeños elementos metálicos inspirados en antiguos clavos de taller reaparecen transformados en cruces y accesorios, reforzando el carácter artesanal y simbólico de la colección.
Fotos de Magliano














