El denim vuelve a ser el gran protagonista, pero difícilmente aparece de una forma convencional. La colección juega con vaqueros de proporciones distorsionadas, prendas híbridas y combinaciones que parecen unir distintas piezas en una sola. Chaquetas, pantalones y prendas de inspiración workwear se mezclan con cuero, tejidos técnicos y siluetas más ajustadas, mientras los tratamientos del tejido crean ese efecto desgastado y rebelde que se ha convertido en uno de los códigos de Martens en Diesel. La propia firma resume el espíritu del desfile alrededor de la libertad, la confianza, la conexión y el deseo.
Más que intentar cerrar su etapa con una colección nostálgica, Martens parece despedirse recuperando los elementos que definieron su Diesel: denim llevado al límite, proporciones imposibles y una actitud que coloca la ropa cotidiana en el centro de la pasarela. Después de seis años en los que experimentó con vaqueros deformados, mezclas de materiales y grandes espectáculos, esta colección funciona como una última revisión de ese lenguaje antes de que el diseñador se concentre en Maison Margiela.
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