El reloj con el que comenzó todo
En 1980, Carlo Crocco presentó en la Feria de Basilea un reloj que rompía con las convenciones de la alta relojería. Bajo el nombre de Hublot y a través de MDM Genève, el fundador apostó por una combinación que entonces resultaba inesperada: una caja de oro acompañada de una correa de caucho negro. Frente a los diseños tradicionales de la época, su propuesta defendía una estética más depurada, con una esfera minimalista y un bisel sujeto por doce tornillos inspirados en los ojos de buey de los barcos.
Aquella mezcla de materiales terminó convirtiéndose en una de las señas de identidad más reconocibles de la firma. El Classic Fusion Tributo recupera precisamente ese lenguaje visual, sin limitarse a reproducir una pieza histórica. La caja crece de 36 a 38 milímetros, mientras que los tornillos del bisel, las asas visibles y la correa de caucho texturizado mantienen la personalidad del primer modelo. La fecha situada a las tres y la esfera prácticamente desnuda completan una composición que apuesta por la sencillez antes que por los adornos innecesarios.
La evolución más importante, sin embargo, se encuentra en el interior. El reloj original funcionaba con un movimiento de cuarzo, mientras que esta nueva versión incorpora un mecanismo automático desarrollado por la manufactura. Ofrece aproximadamente 50 horas de reserva de marcha y cuenta con una masa oscilante calada con la forma de la icónica H de Hublot, visible a través del fondo de zafiro. Además, la corona enroscada proporciona una hermeticidad de hasta 100 metros, una característica que refuerza su funcionalidad sin alterar la esencia estética de la pieza.
Oro amarillo u oro blanco, dos formas de entender el lujo
Las dos versiones del Classic Fusion Tributo comparten arquitectura y prestaciones, pero transmiten sensaciones diferentes. La edición de oro amarillo es la que mantiene una conexión más directa con el reloj de 1980. Su esfera lacada en negro, con un discreto efecto carbón, acentúa el contraste con el metal precioso, mientras que la masa oscilante de oro amarillo prolonga esa continuidad material. A las seis aparece el logotipo MDM, un detalle que rinde homenaje a los orígenes de la marca y a la firma con la que Carlo Crocco presentó su primera creación.
El modelo de oro blanco apuesta por una elegancia más sobria, cercana a la precisión de la sastrería italiana. La esfera de ónice negro pulido y los tornillos oscuros construyen una imagen más discreta, pero no menos contundente. En su interior, la masa oscilante de tungsteno negro mantiene la coherencia cromática y refuerza el carácter técnico de esta versión. Dos interpretaciones de una misma idea que permiten elegir entre la calidez del oro amarillo y la sofisticación contenida del oro blanco.
Diseñado, desarrollado y ensamblado en Nyon, Suiza, el Classic Fusion Tributo representa la madurez de una propuesta que en su momento desafió las reglas de la relojería tradicional. La marca también ofrece una garantía de 5+5 años, que puede extender la cobertura hasta una década bajo sus condiciones correspondientes. Para Carlo Crocco, volver a contemplar aquella idea original convertida en una pieza contemporánea es motivo de orgullo y gratitud. Su creación ha evolucionado, pero conserva intacta la premisa que la hizo diferente: demostrar que el lujo también puede surgir del contraste entre materiales aparentemente opuestos.
Fotos de Hublot


