Los materiales son precisamente los que consiguen que esta propuesta no parezca una simple colección de básicos sofisticados. La napa ultrafina, el ante ligero, la seda y el cuero de anguila introducen diferentes texturas, mientras los detalles de correas, arneses y elementos desmontables aportan un punto casi arquitectónico. En el pequeño guardarropa masculino también aparecen botas de inspiración texana, aberturas estratégicas y combinaciones bicolor que rompen la sobriedad de la sastrería sin perder ese aire refinado que caracteriza a Durazzi.
La paleta termina de construir ese equilibrio entre elegancia y actitud: azul hielo, gris barro y ébano conviven con marfil, cuero natural y un profundo burdeos. Más que proponer una silueta masculina cerrada, Durazzi plantea prendas que dejan margen para jugar con ellas, como si vestirse fuera también una cuestión de montaje. El hombre de la próxima primavera no necesita elegir entre sastrería y comodidad: puede desmontar las reglas y volver a colocarlas a su manera.
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