Uno de los mejores ejemplos aparece en un conjunto azul de chaqueta y pantalón que, a primera vista, parece un look vaquero convencional. En realidad, todo está construido con organza de seda, incluso detalles como las costuras y los botones dorados. Esa obsesión por transformar lo conocido también aparece en un motivo de estrella recuperado de un antiguo tejido de la abuela de James y convertido en un monograma que recorre varias prendas. El cuero no desaparece por completo: una cazadora negra incorpora cordones trenzados y tejidos sobre la superficie, en una referencia visual a las trenzas africanas.
La colección completa esa búsqueda de identidad con una paleta que combina marfil, negro, gris, azul y burdeos con golpes de naranja, azul cobalto, melocotón y crema. Las plumas procedentes de Lagos, tratadas y teñidas en el propio estudio, aparecen sobre chaquetas, zapatos y bolsos, mientras varios accesorios recuperados de temporadas anteriores reciben una nueva vida. Tokyo James demuestra así que reinventar un armario no siempre significa empezar desde cero: a veces basta con mirar una prenda conocida y preguntarse hasta dónde puede transformarse.
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