En los últimos años, el nombre de Blanco se ha convertido en una especie de medida del tiempo: la velocidad del éxito tal como lo conocemos ahora y la necesidad, llegado cierto punto, de detenerse. Riccardo Fabbriconi, de 22 años, ha arrasado en escenarios que a la mayoría de los artistas les toma una década: sencillos que surgieron de la nada, un álbum debut que encabezó las listas de éxitos, una victoria en el Festival de Música de San Remo a los 18 años , estadios abarrotados mientras él mismo aún intentaba descubrir qué significaba ser Blanco.
Se matriculó en Ciencias Humanas tras abandonar la escuela casi al mismo tiempo que firmaba su primer contrato discográfico. "Me di cuenta de que es crucial crecer, enriquecerse. No todo gira en torno a esto. No es así. Hay que perder el centro y luego encontrarlo de nuevo".
En los últimos años, el no…