La colección masculina de Boglioli otoño-invierno 2026 se presenta como ese soplo de aire fresco que uno no sabía que necesitaba hasta que lo ve en movimiento. La firma italiana, reconocida por su sastrería suave y su enfoque relajado del traje clásico, vuelve a jugar con la idea de elegancia sin rigidez, como si cada prenda hubiera sido diseñada para acompañar la vida real y no solo una pasarela. En esta entrega se siente que Boglioli está más cómodo con su propio ADN: tejidos que fluyen con naturalidad, siluetas que no estrangulan y detalles que funcionan tanto con americana como con chaqueta de punto grueso.
Al recorrer la colección se nota una apuesta por la dualidad entre lo formal y lo casual. Los abrigos largos y las americanas, tradicionalmente vistos como piezas de etiqueta, se reinterpretan con cortes más relajados y texturas que invitan a usarlos con unos vaqueros desgastados o unos chinos caídos, en lugar del combo inevitables traje y camisa. Esa ligereza visual hace que la propuesta sea accesible sin perder carácter, un equilibrio que no todas las marcas consiguen sin caer en lo descuidado o lo aburrido. Da la sensación de que Boglioli ha pensado en el hombre moderno, en quien quiere verse bien sin parecer que ha sacrificado comodidad para lograrlo.
Los colores de la temporada giran en torno a tonos tierra profundos, grises suaves y azul marino invernal, con algún que otro toque más vibrante para romper la monotonía del clima frío. Nada estridente, pero sí lo bastante interesante para que cada pieza tenga su momento. El uso de mezclas de texturas —mezclas de lana con punto fino, o gabardinas con forros sedosos— ayuda a que cada conjunto tenga esa capa visual que diferencia un outfit del montón de otro bien pensado.
Lo que más destaca de esta colección es precisamente esa sensación de usabilidad inmediata. Nada da la impresión de quedarse en un escaparate: todo parece hecho para ser llevado en el metro de Madrid, en una cafetería con lluvia fuera, o en una reunión donde no quieres ir demasiado «formale». Boglioli ha conseguido que incluso sus piezas más clásicas tengan un aire despreocupado que dialoga con la estética contemporánea sin traicionar sus raíces sartoriales.

























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